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| Fecha publicación: 29-03-2010 | Modificación: 29-03-2010 |
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| El Banco Mundial elabora una hoja de ruta para potenciar el papel del capital privado en la región MENA |
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| Por: Óscar Peña, Director editorial de Medlognews |
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Los países de Oriente Medio y el Norte de África, entre los que se encuentran los países de la ribera oriental del Mediterráneo, se enfrentan a un enorme desafío. En los próximos años generarán cerca de 40 millones de puestos de trabajo, mano cualificada y con formación que busca salida a sus habilidades y creatividad. Sin embargo, el Estado no podrá asumir este crecimiento, tendrá que contar con la ayuda de la empresa privada.
Un reciente informe al que ha tenido acceso Medlognews, elaborado por el Banco Mundial, estudia los mecanismos para desbloquear el liderazgo del capital privado en la región MENA. En el documento de cerca 300 de páginas el organismo internacional asegura que "el futuro de la prosperidad y cohesión social de los países de Oriente Medio y Norte de África descansa en gran parte en la habilidad de los gobiernos de favorecer que el sector privado responda a los desafíos de la creación de empleo".
Pero la realidad es muy distinta. A pesar de que muchos países han realizado progresos en los últimos años mejorando el clima inversor, el aire que se respira en el ambiente está enrarecido. La arbitraria implementación de las reformas y la discreción con la que se llevan a cabo, lleva a los jóvenes emprendedores a considerar como única vía de éxito la capacidad de estar "conectado" o de tener una relación "privilegiada" con los poderes públicos o el Estado. Quedan al margen conceptos como la importancia de la competencia, la creatividad o la persistencia.

La desconfianza entre el sector público y privado estanca la economía
En los países del Mediterráneo Oriental y el Norte de África la relación entre el sector público y el capital privado es de mútua desconfianza. Los primeros miran con escepticismo al sector privado y dudan de que pueda llegar a convertirse en algún momento en el motor del cambio y sea capaz de dar trabajo a la legión de nueva mano de obra. La actual crisis económica y financiera tampoco está ayudando a reducir esta desconfianza. Crece la creencia entre el sector público, según cita el informe, que la empresa privada está representada por un reducido grupo de empresas, fuertemente protegidas, corruptas, que actúan como lobbies y que alcanzan sus propósitos gracias al soborno. Los segundos tampoco confían en los primeros. Creen que los gobiernos no ayudan a mejorar el clima inversor para todo tipo de negocios, salvo en aquellos casos en los que los políticos obtienen beneficios.
El resultado, a pesar de que en las últimas tres décadas muchos países de la zona MENA han abordado serias reformas, como Egipto, Siria, Libia o Yemen, es que las mejoras han sido incapaces de alcanzar grados de diversificación de las exportaciones, mejora de la productividad, sofisticación tecnológica, innovación y distribución del capital privado como exhiben países como China, Corea, Malasia o Turquía, entre otros.

Incertidumbre económica, impuestos y corrupción preocupan al capital privado
Los inversores para la zona MENA -especialmente los directivos de pequeñas y medianas compañías-lo tienen claro. Existe mucha incertidumbre a la hora de entrar en estos países, que suele estar acompañado de favoritismos y barreras a la competencia. Estas barreras suelen traducirse en corrupción, prácticas anticompetitivas e incertidumbre regulatoria. La incapacidad de no poder predecir el curso de los acontecimientos es lo que más preocupa al tejido empresarial, y lo que frena la inversión y las actuaciones.
El informe del Banco Mundial ha elaborado un listado de estas barreras, el porcentaje representa la preocupación de las empresas por cada una de las restricciones encontradas. Así, la incertidumbre económica, los impuestos, la corrupción, el acceso a la financiación, la injusta competencia o la incertiduymbre normativa y regulatoria, se encuentran entre las primeras posiciones. Cuando se habla de restricciones al ejercicio de la actividad, junto a la corrupción o la injusta competencia, se añaden también, los impuestos de la Administración, las dificultades para obtener permisos para ejercer la actividad, las regulaciones para el comercio y aduanas o la lentitud en la resolución de conflictos legales.


La hoja de ruta del Banco Mundial exige una transformación profunda de la Administración del Estado
La hoja de ruta propuesta por el Banco Mundial para favorecer la transición hacia un nuevo modelo económico con mayor peso del capital privado no fácil de llevar a cabo. Sin embargo, serán necesarios esfuerzos añadidos para lograr que avance en la dirección marcada por el organismo internacional si se desea que los cerca de 40 millones de personas cualificadas y en busca de un puesto de trabajo encuentren salida. De lograrlo, la región podría desempeñar un rol fundamental en los mercados internacionales durante los próximos años, del mismo modo a como lo están haciendo los países de la Asean.
La hoja de ruta se divide en tres ejes de actuación: la reducción de los canales tradicionales de asignación de rentas y el impulso a la competitividad; reformas institucionales en las que se asuman políticas propias del sector privado; mobilizar a los accionistas empresariales entorno a estrategias a largo plazo.
Dentro del primer eje, el Banco Mundial propone incrementar la apertura de las empresas a la competencia, principalmente extranjera, a través del comercio y la inversión. Entre los sectores que podrían experimentar esta apertura se encuentran el sector inmobiliario y el de gran consumo, tradicionalmente vetados a los inversores extranjeros. También se propone eliminar las barreras formales e informales para que entren nuevas empresas, mejorar la governanza del sector bancario, así como poner fin a los conflictos de interés entre la clase política y los empresarios.
Dentro del segundo eje, la organización internacional recomienda implementar políticas provenientes de la esfera privada en la práctica diaria de la Administración Pública, tal y como ha venido ocurriendo en los países occidentales en las últimas tres décadas. Entre las medidas destacan la reducción del número y complejidad de pasos administrativos en cada interacción entre la empresa privada y la Administración; el establecimiento de estándares de calidad mediante nuevas leyes; implementar las nuevas tecnologías en la gestión del sector público; y también, incrementar la autonomía de las instituciones del Estado de la interferencia de la clase política.
En el tercer eje la propuesta se centra en romper el statu quo que impide en la mayor parte de los países realizar reformas profundas, y que chocan con una minoria dispuesta a transformar la realidad económica del país. Dentro de este eje, el Banco Mundial cree necesario construir u nuevo marco de relaciones entre los gobiernos y el sector privado, en la línea de permitir la absoluta libertad del sector privado de organizarse como organizaciones independientes, de garantizar que dispongan de información económica precisa sobre las actuaciones del Ejecutivo, y de que pueda reclamar con libertad reformas políticas y económicas. También debe ser libre de asociarse en organizaciones empresariales.
El Banco Mundial reconoce que existen países donde se está trabajando en esta dirección, a pesar de la compleja situación política y económica de cada país. "Las experiencias de éxito con las reformas regulatorias e institucionales han reducido las barreras de entrada del sector privado en Egipto, Marruecos, Libia y Arabia Saudí. Otros países están liderando los cambios en algunas áreas específicas, como el sector bancario en Marruecos, los impuestos en Egipto, la entrada de nuevas empresas en Yemen, el gobierno electrónico en Dubai o las aduanas en Túnez. También existen casos de éxito en el campo de la liberalización de las telecomunicaciones, como el caso de Argelia".
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